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De tocar con leyendas del reggae a despachar discos
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De tocar con leyendas del reggae a despachar discos

Antes de abrir una tienda de discos escondida en un callejón de Gràcia, Pau pasó años recorriendo el mundo tocando la batería junto a los ídolos de su infancia, figuras del legendario sello jamaicano.

Bite It Records está escondida en un callejón, difícil de encontrar si no sabes exactamente qué buscas. Una vez llegas, te vas a encontrar con miles de discos originales en prensajes de Estados Unidos y Reino Unido, estanterías llenas de jazz, funk, soul, reggae, y también un buen rincón de folk y rock, por si eso es más lo tuyo.

Pau es uno de los tres dueños. Antes de todo esto, pasó años de gira como batería, tocando junto a leyendas del reggae salidas de Studio One: Alton Ellis, Ken Boothe, Derrick Morgan.

¿Cómo acabaste montando la tienda?

Pau: Es una historia larga. He sido coleccionista toda la vida, hace unos treinta y cinco años que compro y colecciono discos. Estudié arquitectura en la universidad, donde coincidí con Juan, que también era músico. Tocaba, hacía giras por todo el mundo, y cuando empecé a cansarme de tocar y de viajar, y también tuve un hijo, llevaba tiempo dándole vueltas a una idea: nunca había encontrado en Barcelona la tienda que a mí me hubiera gustado encontrar. Coleccionaba música negra en ediciones originales, y en las tiendas de Barcelona, muy buenas tiendas, no había el material que buscaba: discos americanos originales de la época.

¿Y cómo pasó esa idea a ser la tienda?

Pau: Cuando empecé a plantearme dejar de tocar, pensé: ¿y si vendo lo que yo no encuentro aquí pero me gustaría encontrar? Como coleccionista, cuando encontraba discos baratos me los compraba aunque ya los tuviera, solo porque eran baratos, esa necesidad de acaparar que tenemos los coleccionistas. Un día me di cuenta de que tenía un montón de discos repetidos. Los vendí, tuve dinero para comprar otros que no tenía, y dije: voy a probar. Hice una web muy rústica y de repente vi que se vendían bien. Pensé: esto podría tener futuro.

Hablando con Juan, llevábamos mucho tiempo comprando juntos. Él vivió seis años en Canadá y conocíamos gente allí. Yo fui por primera vez a Estados Unidos a comprar en el noventa y dos, con mi familia, pero ya estaba metido en el mundo de los discos. Durante años fuimos, conocimos gente, y en un momento dado dijimos: vamos a comprar material, ya no solo para nosotros, sino en volumen, a ver qué pasa.

Empezamos en una especie de coworking escondido: tenías que llamarnos para poder entrar. No era una tienda oficial, no se veía desde la calle. Con la pandemia, cuando los locales bajaron de precio, dijimos: ya llevamos tiempo con este sistema de pedir cita para ver los discos, vamos a hacerlo legal, vamos a abrir una tienda. Eso fue hace cinco años. Alquilamos un local aquí cerca y en todo ese proceso la cosa fue creciendo: cada vez más discos, cada vez más clientes. Después de tres años, el propietario del local nos dijo que lo quería vender. Nosotros no queríamos comprarlo, así que nos cambiamos aquí. Llevamos dos años en este local, más grande, con más discos. Todo un proceso natural de ir creciendo poco a poco, a medida que crece el público y crece la colección.

¿Por qué son tan importantes para ti las ediciones originales?

Pau: Existe todo ese debate de si suenan mejor los prensajes originales. No es tanto un tema de audio: sí creo que se oye mejor, pero para darte cuenta necesitas un equipo muy bueno, un espacio bueno para escucharlo, y el oído entrenado. Lo que a mí me hace coleccionar originales es un tema de colección, como el que colecciona arte: no busca una fotocopia de un cuadro de Dalí, quiere el cuadro original, físicamente.

Hay tantas colecciones como gente que colecciona: la mía busca originales en perfecto estado, ese es mi estándar. Me gusta el objeto original, porque hay una historia detrás de buscarlo, imaginas que ese disco tiene toda una vida detrás.

No es tanto una cuestión de volumen, de decir “tengo tantos discos”: cada coleccionista tiene su enfoque, y en mi caso prefiero pocos, pero de calidad, en buen estado y originales.

Y eso se traslada a la tienda: al final es un reflejo de nuestras colecciones. Esa era una máxima que teníamos los tres: poder defender lo que vendíamos. Los tres somos bastante parecidos, aunque tenemos colecciones un poco diferentes, pero todos tenemos esta idea del original: ya que te gastas el dinero, vas a la raíz. Hablo por mí, pero lo podría extender a Juan y a Edgar: de música actual no sabemos, nos costaría un montón venderla porque no sabríamos defenderla. Lo que conozco es lo que vendo, y lo conozco porque lo compro, porque lo colecciono.

¿Y cuándo notaste este cambio? Empezaste a coleccionar siendo muy joven, ¿no?

Pau: La verdad es que empecé con esto desde el principio. Empecé escuchando música desde muy pequeño. Soy el pequeño de tres hermanos, así que tenía terreno ganado: mis hermanos ya habían hecho esa labor por mí, la de escuchar música. A los once, doce, trece años ya escuchaba música, pero lo que empecé a comprar fue reggae, que es la columna vertebral de mi vida como coleccionista. Colecciono de todo, pero lo que siempre he coleccionado es reggae.

Ha habido muchas reediciones, pero la cantidad de discos originales en reggae, hablando de Jamaica, aunque cuando digo originales en Inglaterra también me refiero al mismo año, porque muchas veces los discos salían en Jamaica e Inglaterra al mismo tiempo. Estamos hablando de singles, que es básicamente el formato del reggae. Era casi igual de difícil encontrar el original que una reedición, aunque es verdad que se hicieron muchas reediciones de los singles. En algunas tiendas de Inglaterra a las que iba había originales, estoy hablando de principios de los noventa, los precios eran otra cosa. Si alguien escucha esto ahora y compra desde hace cuatro años, pensará que yo era rico, pero no: los precios se han vuelto locos hace poco tiempo. Hace treinta y cinco años, o treinta, te podías comprar discos originales a buen precio. Estaba también en un entorno de gente que ya compraba ese formato original, así que entré por ahí de manera natural, no es que empezara comprando reediciones y luego cambiara. Tuve suerte: si tuviera que comprar ahora la parte de la colección que tengo, no podría, por cómo están los precios, pero la compré en los noventa, cuando era mucho más asequible.

¿Qué tipo de música tocabas?

Pau: Tocaba la batería, sobre todo reggae. No sé si se deja de ser batería, pero lo dejé hace ocho años. Empecé a los doce o trece años, en paralelo con el consumo de discos, y estuve veinticinco años tocando. Hice varias cosas, pero la mayoría de las veces tocaba con grupos normales, y hubo una época bastante grande en la que teníamos una backing band, una banda de acompañamiento, porque históricamente los cantantes de reggae son jamaicanos, los buenos y los orígenes son de Jamaica, pero desde Europa, como promotor, te sale mucho más barato contratar solo al artista y una banda europea que haga la gira. La música reggae te permite eso: aunque hay grupos formados en la historia del reggae, lo habitual eran cantantes que después tenían músicos de estudio, y lo que la gente consumía era al cantante. Si eran los Wailers, sí llevabas banda, pero el noventa y cinco por ciento de la música es el cantante. Hice eso durante mucho tiempo: cuando venía un artista jamaicano o inglés, éramos su banda.

Me imagino que en el reggae tocabas también mucha percusión, no solo batería.

Pau: Nos especializamos en ska y rocksteady, no tanto en roots, que es donde la percusión pesa más. Prince Buster, por ejemplo, con “Oh Carolina,” uno de los primeros singles que sacó con Blue Beat, es todo percusión. Nosotros hacíamos algo, pero sin percusionista. Siempre he tenido mucho respeto por la percusión: estudié percusión cubana con un cubano, en Cuba, pero percusión aplicada al reggae nunca la estudié, y no sé si me hubiera atrevido a hacerla.

¿Cómo fue tocar con tus músicos favoritos?

Pau: Empecé escuchando los fundamentos del reggae, los clásicos: Alton Ellis, Ken Boothe, Derrick Morgan, Heptones toda la gente de Studio One. Con el tiempo acabé tocando con parte de esa gente: con Derrick Morgan, con Ken Boothe, con The Heptones, con Alton Ellis. Cantantes que había escuchado toda la vida, los jefes de todo, la gente que inventó esta música, y de repente estaba tocando con ellos.

¿Te sentías deslumbrado, como un fan, al tocar con ellos?

Pau: La verdad es que no, porque no soy muy fan en ese sentido. No tengo ninguna foto ni ningún disco firmado de toda esta gente: no lo pedía, no por vergüenza, sino porque no soy de ese tipo, aunque muchos compañeros músicos me decían “toma, que te firmen esto.” Lo que sentía, más que nervios, era respeto: era gente que había inventado lo que yo he amado toda mi vida, y yo era un chico blanquito metido en medio de eso.

Con el tiempo noté un patrón muy claro: cuanto más grande y más original era el artista, más amable y más normal era. Ken Boothe, una de las mejores voces del reggae, y de la música en general, es un tío súper agradecido. Alton Ellis, con quien crecí escuchando sus discos para Coxsone, era igual de normal. En cambio, cuanto más joven era el artista, más chulería tenía. Los que yo idolatraba, los que me ponían la piel de gallina, eran los mayores: gente que llevaba su vida de cantante tan normalizada que le dabas tú más valor del que se daban ellos mismos. Le hablabas de un single y él, “sí, lo grabé en el sesenta y siete,” ni se acordaba, y para ti era el disco perfecto.

¿Era difícil encontrar en Barcelona los discos que buscabas? ¿Tenías que viajar?

Pau: Tenías que comprar por correo, no por internet, por correo. Te enviaban a casa un cassette físico con segundos de las canciones, y tú pedías los discos del cassette: “este, este, este disco, de estas canciones, quiero que me los envíes.” También viajaban otros coleccionistas. Cuando físicamente aparecía aquí, en Barcelona o en Girona, un disco original, era una fiesta, porque realmente era muy difícil.

Como coleccionista y como dueño de la tienda, ¿recuerdas tu mejor y tu peor compra?

Pau: La mayoría de discos que he comprado en mi vida los compré mucho más baratos de lo que valen ahora, hace treinta años, cuando todo era barato. Y desde que abrimos la tienda, es como el que vende jamón: acabas comiendo el mejor, porque compras volumen, y comprando mucho volumen aparecen cosas. Eso sí, desde el principio decidimos que lo que entra en la tienda es de la tienda: si compras un lote de veinte discos y te quedas uno, el lote no tiene sentido, así que se queda todo.

He comprado en todo el mundo: desde Etiopía hasta Irán, por todos los Estados Unidos, por toda Europa, y al principio de eBay era relativamente fácil encontrar discos muy baratos cuando ya eran caros. Una cosa es comprarlos baratos porque eran baratos en su momento, y otra es empezar a comprar barato cuando ya eran caros, eso pasaba al principio. Y cuando compras colecciones grandes, de repente aparece un disco que vale a lo mejor tres mil euros, metido en un lote que te ha costado muy barato.

Al contrario también me ha pasado, no demasiado, hemos tenido mucha suerte. Pero sí, alguna vez has comprado un disco caro y lo has recibido roto. Recuerdo especialmente una vez que compré una colección bastante grande y bastante cara, y lo que recibí fueron las portadas sin los discos. Fue muy decepcionante, porque había discos muy interesantes en esa colección, y resultó que solo eran las portadas.

Es un poco raro, porque tampoco es tan fácil encontrar solo las portadas.

Pau: Por eso en ningún momento se me pasó por la cabeza que pudieran ser solo las portadas, porque además eran discos muy difíciles. Es verdad que a veces se te rompe un disco y te quedas con la portada porque aprecias el disco, o porque es raro, o simplemente caro: dices, “me quedo la portada.” Pero es que había un montón, era muy raro, y resultó que sí, que solo eran las portadas.

Comprar fuera, muchas veces con el desfase horario con Estados Unidos, obliga a decidir rápido, y así fue como pasó esto: la colección parecía muy buena, hubo poca comunicación, “cómpralo, cómpralo,” y cuando fue demasiado tarde vimos qué era, aunque eran discos tan especiales que por eso se guardaron las portadas. Pero si hago balanza de toda la suerte que he tenido, la buena gana por goleada: en miles y miles de discos comprados, para mí y para la tienda, las decepciones han sido muy puntuales.

¿Hay algún disco en concreto que recuerdes especialmente?

Pau: A lo mejor no son los más espectaculares, pero sí las primeras, las que más te impactan. Recuerdo siempre dos discos en dos colecciones diferentes.

Uno es un disco de Blue Note, uno de los sellos de jazz que más nos gustan. Compramos una colección pequeña, un poco a ciegas: había discos que parecían interesantes, pero lo mejor fue lo que el vendedor nunca mencionó. Entre esos discos apareció un Hank Mobley que vale unos dos mil doscientos euros, y nos costó casi regalado, como la punta de lanza de una colección llena de Blue Note originales en un estado difícil de encontrar.

El otro es el Led Zeppelin, su primer disco. El noventa y nueve coma nueve por ciento de las portadas originales tienen las letras rojas, pero la original original es turquesa: la discográfica planchó unas cuantas así sin consultar a los músicos, que al ver el color pararon la producción y lo cambiaron a rojo. Salieron al mercado muy pocas en turquesa, y hay tres variantes según la matriz. Una de esas tres apareció en otro lote, sin que nadie la mencionara, y la vendimos por algo más de dos mil euros.

Son discos que, aparte de ser muy bonitos, son muy especiales. La diferencia entre lo que vendiste y cómo lo compraste es muy grande.

¿Hay algún sitio que no esperarías que fuera tan bueno para comprar discos?

Pau: Bogotá me sorprendió. Iba a Sudamérica un par de veces al año a tocar con diferentes grupos, y aprovechaba para comprar. La primera vez que fui a Bogotá me escapé un poco de la banda en los días de descanso, y hay unas galerías por ahí con libros de segunda mano, pero también muchos discos.

Hay mucho volumen. El tema es que cuesta encontrar discos en buenas condiciones, pasa un poco como en Jamaica: un sitio que también me pareció increíble para discos, aunque se parecen sobre todo en el clima y en el valor que le daban a los discos. Ahora más, porque ya saben lo que valen, pero en los ochenta o noventa era muy bajo, y con un clima adverso los discos han sobrevivido mal.

Empecé a hablar con gente y todo el mundo tenía discos, muchísimos. No sé si es políticamente correcto decirlo, pero la gente del latin, aunque no tenga un poder adquisitivo muy alto, tiene clarísimo que una parte importante de su dinero va a discos. Eso cada vez pasa menos: salvo sellos como Fania, esta música se grabó en tiradas muy cortas, y hoy es de los estilos más difíciles de encontrar. Aun así, hemos comprado un montón, porque en Latinoamérica realmente le dan valor al formato.

¿Y ves lo mismo en los latinos que viven en Barcelona?

Pau: Es gente que se gasta dinero, que le gusta, que sabe de verdad lo que compra. Hay de todo en cualquier estilo, en el jazz, en el reggae, pero en la música latina mi impresión es que la gente sabe mucho, porque lo vinculan con el baile, con la comunidad.

El coleccionista de jazz tiene un consumo más individual, más de casa, música más relajada. En cambio la música latina es mucho más de comunidad: corren los discos, la gente habla, forma parte más del día a día de su vida. Creo que eso hace que haya mucho conocimiento y que la gente esté dispuesta a pagar mucho dinero por los discos.

Ahora sois tres socios. ¿Cómo os repartís el trabajo entre los tres?

Pau: Para nosotros hay mucho trabajo porque solo tenemos segunda mano, discos originales en su mayoría, un noventa y cinco por ciento. Cada día tenemos que comprar segunda mano, y todo es overseas, Estados Unidos, Inglaterra. Eso es mucho trabajo.

Hay una tarea grande de conseguir el material y traerlo hasta aquí en palés, no en un paquete, y después está la de venderlo. Eso hace que cada uno de los tres tenga tareas asignadas. Yo soy la parte más visible, porque soy el que está en la tienda. Los otros dos están en Girona, donde tenemos un almacén: tuvimos también una tienda ahí un tiempo, pero ahora es solo almacén. Hay un trabajo más de gestión que se puede hacer desde Girona, y un trabajo más presencial de vender, que es donde estoy yo.

El hecho de ser tres también está bien a la hora de tomar decisiones, porque nunca hay empate: o todos estamos de acuerdo, o hay dos que sí y uno que no.

¿Tenéis alguna red montada para el sourcing de los discos?

Pau: Sí, si no sería imposible tener los discos que tenemos. Vas creando relaciones, vas hablando con gente: al principio, cuando eres muy joven, no haces ninguna conexión real, pero a medida que vas hablando, mucho antes de que se nos pasara por la cabeza tener una tienda, ya teníamos gente, ya hablábamos con gente. Si vas de manera periódica a buscar discos, los vendedores también te conocen, hablan contigo, y cuando empezó la tienda empezamos a cristalizar las cosas: “hostia, esa gente que siempre habla...”

La gente no se piense que tenemos quinientas personas, pero sí tenemos unas cuantas, Costa Este, Costa Oeste, gente que te busca cosas. Tenemos gente que son como nuestros delegados, que gestionan los discos ahí y nos ayudan, si no, sería muy difícil. También hay gente en Inglaterra, donde buscamos más discos.

Empezasteis vendiendo en Discogs, ¿no? Yo también tengo mi colección ahí, pero veo el problema que le genera a las tiendas.

Pau: Discogs ha sido un elemento distorsionador de este mundo, tiene las dos caras de la moneda. Cuando empezó, no era un marketplace, era un sitio donde la gente ponía discos, más una biblioteca, un sitio de referencia para investigar. Empezó como un archivo. Si no recuerdo mal, el paso intermedio fue que podías decir que lo tenías o que lo querías, pero no comprarlo, un sitio donde ponías un disco y decías “ojalá lo tuviera,” eso todavía se puede hacer. Y el último paso fue que se convirtió en marketplace.

Nosotros empezamos también ahí, sobre todo cuando no teníamos tienda física y la gente no tenía un acceso tan fácil a los discos: era una manera muy fácil de que todo el mundo viera tus discos y, si le interesaban, los comprara.

¿Y qué pasó cuando abristeis la tienda física?

Pau: Se complicó el tema. Somos bastante ordenados, tenemos stock en la tienda, y eso chocaba: si tenías un disco aparte para que la gente de la tienda no lo viera, era difícil encontrarlo cuando alguien lo compraba por Discogs; y si lo sacabas de la tienda, la gente que viene aquí cada día, que para mí es el valor real del negocio, no lo veía.

Después está el tema de “el disco no suena como se decía.” Teníamos una política de devolver el dinero sin discusión si alguien se quejaba. A veces era verdad, a veces sonaba un poco peor de lo que yo había dicho, pero cuando has vendido bastante por Discogs te das cuenta de que hay gente que se queja solo para conseguir un descuento, porque los vendedores intentan no tener votos negativos.

Todo se fue complicando: subieron los envíos, subieron las comisiones, y llegó un punto en que decidimos dónde queríamos poner la energía, la tienda física de Barcelona. Viene mucha gente, tenemos clientes fijos, y dijimos: fuera, salimos de Discogs. Está bien tenerlo, es un buen aporte, pero lo vendemos en la tienda, priorizo a la gente que viene. Ahora, si un disco especial lleva tiempo sin salir, a veces lo subimos, y los singles la mayoría los tenemos ahí, porque es un formato fácil de enviar, pero en general nos salimos.

¿Qué opinas del efecto que ha tenido Discogs en los precios?

Pau: Lo que ha hecho Discogs en el mundo del disco, la parte mala para mí, es que ha inflado los precios. Los discos se han encarecido, como todo. El problema es que equipara al mismo nivel tiendas y particulares: si eres tienda, sales en desventaja, porque tienes una infraestructura que sostener y la sostienes vendiendo un disco; si eres particular, no tienes nada que sostener. Hay una competencia desleal ahí. Muchas tiendas, creo, subieron un poco los precios para cubrir las comisiones que se llevan PayPal y Discogs.

Y luego está la dinámica de los particulares que no conocen bien el terreno: en Discogs puedes poner el precio que te dé la gana, eso no quiere decir que lo vendas. Puedes decir “este disco lo vendo a cien,” pero si vale diez, no lo vas a vender. El problema es que si alguien más tiene ese disco y lo pone a cien, y otro a ciento cinco, y otro a noventa, y alguien que tampoco sabe entra, ve un disco a cien y otro a noventa, piensa que vale noventa, y lo compra a ochenta, de repente se crea una base: si alguien lo ha vendido a ochenta, ahora “vale” ochenta. Esa dinámica ha hecho que los precios escalen de una manera muy loca.

Hay una parte muy buena de Discogs como fuente de información, pero como comprador, la parte negativa es que los precios se han disparado de una manera muy loca.

Para acabar, ¿qué planes de futuro tenéis?

Pau: Cuando cambiamos de sitio hace dos años, ya buscamos uno más grande, porque veíamos que la tienda crecía, y de momento no se nos ha quedado pequeño. Mientras eso no pase, esta tienda nos encanta, nos encanta el sitio donde está, aunque parezca un poco loco porque está en un callejón sin salida: si no vienes buscándolo, no pasas por delante. Eso pensábamos, pero de repente vino mucha más gente de la que esperábamos. A nivel arquitectónico también nos gusta el espacio.

De momento no tenemos ningún plan de expansión: seguir la línea en la que estamos, tener cada vez más discos especiales, más bonitos, ir creciendo de manera sostenible, hacer que la rueda gire, más clientes, más discos. No tenemos una mente expansiva en ese sentido.

Entonces invitamos a todos a visitar y verlo con sus propios ojos. Muchas gracias.


Los discos están ordenados con cuidado en estanterías de madera, hay pósters en las paredes y equipos de alta fidelidad vintage por todas partes. Si no te atiende Pau, hablarás con Jordi, bajista de blues y jazz, o con MJ, fan del horror punk y fotógrafa musical, ambos auténticas enciclopedias de música negra que además organizan las sesiones de escucha en los Hi-Fi bars de Barcelona.

Prometo que no trabajo en su departamento de comunicación, pero es una de mis tiendas favoritas de la ciudad. Ven y compruébalo tú mismo: si me equivoco, te invito a un café en Gràcia.

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Bonus

📀 5 discos que representan Bite It! Records

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